sábado, 13 de diciembre de 2008

RECORDAR MACHU PICHU

En edificante conversatorio sostenido uno de los gratos días que disfrutamos quienes permanecimos en la ciudad durante la festividad de la Semana Santa, nos permitió recordar la visita que, para esa misma celebración, hace apenas dos años hicimos al Machu Pichu. Un exquisito amigo contertulio quiso conocer nuestra impresión de aquel lugar el cual el también había visitado. Ahora queremos ofrecer para aquellos que nos brindan la inmensa satisfacción de leer nuestros artículos, la visión de la imborrable experiencia de aquella excursión que le dimos al amigo.

Para nosotros, la ciudadela que construyó la civilización quechua antes de la llegada de los conquistadores, a pesar de su impresión ante belleza por todo el entorno en que se encuentra y por sí misma, es solamente un hito mas de una cultural y hermosa práctica que nos muestra los vestigios de un pueblo complejo y extraño que utilizaba la piedra con una destreza y técnica que todavía, al cabo del tiempo, mantiene asombro en la ingeniería y la arquitectura.

Desde la llegada al Cuzco, aquel pasado esplendoroso de los quechuas se asoma por todas partes. Cimientos de enormes piedras que no pudieron ser demolidos por la piqueta del conquistador, por lo que éste tuvo que conformarse con edificar sobre esos muros irreducibles sus iglesias y conventos.
El barrio de San Blas, fundido en el pasado, con sus callejas empedradas y paredes sin que una fisura permita introducir la punta del más fino alfiler entre aquellas piedras colocadas una junto a otra desde hace siglos.
El valle de Sascachewan y sus gigantescos monolitos de varias toneladas y altura fuera de lo corriente, desafiando cualquier especulación en cuanto a los medios utilizados para su recolección en aquel lugar es otro lugar para excitar la imaginación.

En esa antigua ciudad sagrada, capital del imperio en el Sur, tenía asiento el Inca, el soberano, por lo que de ordinario así ha sido llamado llamado el pueblo e imperio quechua, con el nombre que se le daba al gobernante. Llegar al Cuzco y contemplar aquella ciudad con sus casas techadas de tejas de color rojo opaco, vista desde un cerro cercano donde se encuentran una enorme estatua deCristo, lleva a reflexión sobre el pasado de magnificencia, poder y misticismo de esa ciudad,

Resulta inevitable pensar también en el asombro que debió ocasionar en aquellos aventureros desesperados, encontrar una urbe de sesenta mil viviendas, con tanto esplendor, perdida en aquellas alturas. Ahora, en la colina convertida en mirador turístico, unas aborígenes con sus coloridos atavíos de fiesta esperan con su paciencia milenaria y su habla dulce y susurrante, que los visitantes quieran fotografiarse por unos pocos pesos, junto a ellas y sus llamadas, ese animal que tanto identifica a su pueblo

En esta ciudad con su aire de misterio y melancolía, nos llega el soroche a los habitantes de tierras bajas, cuando subimos hasta aquel nido de águilas, esa molestia se presenta con un fuerte y agudo dolor de cabeza acompañado de mareo y a veces, para recordarnos el aire enrarecido que allí, a mas de tres mil metros de altura, se respira. Ni siquiera el té de coca que ofrecen en el hotel garantiza inmunidad ante es mal de las alturas, como es llamado.

El descenso desde el Cuzco para dirigirse hacia la ciudadela enclavada en el monte Machu Pichu, es una continuación azorada de aquella viva presencia cultural del pueblo quechua. El mercado aborigen de Pizac, lo que fue un enclave militar inca, introduce al viajante en un mundo que desapareció hace siglos y de repente regresa para mostrar de cuerpo presente aquellas gentes y sus hábitos milenarios.
Ahí se puede encontrar, en mezcla con el pasado, pintores cuzqueños que ofrecen bien logradas acuarelas, al igual que hace siglos otros artistas también ofrecían sus trazos sobre lienzos de tela hecha con lana de alpaca o de llamas.

La llegada a la estación desde donde subiremos al Machu Pichu, se hace en un quejumbroso ferrocarril que acompañado en algunos tramos del viaje por al espumoso y rugiente río Urubamba, que marcha en un recorrido desde el principio de los tiempos a encontrarse con el lejano Amazonas.
El tren cansino deja la última parada antes de seguir su descenso hacia la zona selvática. En esa estación, una flotilla incansable de modernos minibuses sube y baja a los turistas por una estrecha carretera que va rodeando el monte y mostrando impresionantes precipicios; desfiladeros profundos y verticales que electrizan al pasajero hasta llegar a la meseta donde descansa la misteriosa ciudadela entre la niebla. Allí todo es dramáticamente bello y sobrecogedor a la vez. Ahí esta ese testimonio de aquella raza de constructores admirables.
Un pétreo conjunto gris de edificios, terrazas, gradas y escaleras, escondido entre los picos Wayna Pichu y Machu Pichu, mientras abajo, a mil quinientos metros, como gigantesca serpiente, serpentea su guardián de antaño el poderoso Urubamba.

Todavía no ha sido aclarado del todo, de forma inequívoca, la utilidad que le dio el Inca a esa ciudadela cargada de misterios como aquella civilización toda. Al igual que los cortes y desplazamientos de sus enormes piedras, sin conocer la rueda ni la polea, es posible que se mantengan por siempre en el misterio como otras tantas obras de la civilización quechua sobre los que permanece la incógnita como un desafío en el tiempo.


Publicado PERIÓDICO hoy, 03-08-98

RECUERDOS DE ANTIGUA GUATEMALA

A media hora de la ciudad capital de Guatemala, el auto deja una moderna autopista para asomarse, casi de repente, a la vieja capital, Antigua, que le muestra al visitante sus vetustas cúpulas, como hermoso avance de la huella que encontrará en el pasado de grandeza y esplendor que una vez mostró esa ciudad.

Al llegar a la que fuera la tercera ciudad colonial del Nuevo Mundo, sólo superada por Méjico y Lima, se siente una sensación de paz y el reflejo de la solemne magnificencia que tuvo esa capital. Los sólidos y gruesos muros de sus conventos e iglesias hacen surgir una emoción de reverencia y admiración ante esas muestras de la pujanza que tuvo en su momento de señorío aquella ciudad.

El convento de Santa Cecilia, donde se acogían como novicias aquellas que renunciaban a toda vida externa, sobrecoge al visitante por la imponente sobriedad y beatitud que emana de aquel lugar tan bien conservado. La austeridad extrema de sus celdas y los demás indicios que se observan, dan una idea del rigor extremo en que vivían las jóvenes allí recluidas en divorcio definitivo del mundo terrenal.

La iglesia de San Francisco, donde se encuentra la tumba del hermano Pedro, un religioso franciscano que vivió inmerso en santidad llevando a cabo su obra de bondad y dedicación a favor de los enfermos y menesterosos. A su muerte, se convirtió en hacedor de milagros y sanaciones, como lo atestigua la gran cantidad de placas de agradecimiento que están adosadas a la pared del añejo tempo. Este lugar ha llegado a convertirse en foco de fe y peregrinación al igual que el otro gran santuario de Esquipulas, en el sur de ese fascinante país, donde se venera desde los tiempos coloniales una imagen de un Cristo de madera color negro, cuya fama se extiende por el mundo.

En el patrio de la iglesia de San Francisco, amplio, y sombreado, entre venerandas piedras y rojas enredaderas de trinitaria, envueltos en esa sensación de paz y recogimiento que de allí emana, estudiantes de diversos países quienes viven en Antigua, aprovecha la quietud para sumergirse en estudios y lecturas al igual que también se puede observar en otras ruinas, evocadoras de su ayer místico y de grandeza.

No todo es sensación de sacralidad y pasado colonial. En Antigua fluye alegre, continuo y juvenil, como arroyo en la montaña, un turismo que recorre sus lugares de diversión y las empedradas calles rebosantes de historia y tradiciones admirando cada detalle de aquella ciudad colonial, la misma donde el regidor de su honorable cabildo, el vecino Bernal Díaz del Castillo, en su vejez, enfermo y casi ciego, con la autoridad del soldado que fue conquistador de Méjico y Guatemala, escribió la” Verdadera Historia de la Conquista de la Nueva España”, como homenaje a todos los que participaron en aquella verdadera epopeya y no sólo a la gloria de su capitán, como lo habían hecho los clérigos y escribanos al servicio de Cortés. Una tarja incrustada en el gran mercado de artesanía en el centro de la ciudad le recuerda al visitante ese hecho.

En los atardeceres, Antigua sirve de escape a los residentes de la cercana ciudad capital, para que ellos también encuentren solaz, luego de sus ajetreos cotidianos en la trepidante urbe que la ciudad Guatemala de hoy día. En Antigua Guatemala, se suceden los espectáculos artísticos y culturales de gran calidad en el marco de aquellas ruinas reminiscentes de sus días de grandeza. Allí un notable público, embargado de emoción, pudo apreciar los sostenidos en sus momentos más altos que salían de la garganta de José Carrera, para golpear las piedras grises por la pátina del tiempo y rebotar derramados como cascada musical maravillosa sobre aquel auditorio extasiado ante esa conjunción maravillosa de piedra ancestrales y música intemporal.

Desde cualquier parte de Antigua, en cercana distancia hacia el Oeste, el visitante encuentra la vista de la majestuosa montaña en cuyas faldas fue fundada la primera capital provincial Santiago de Guatemala. Luego de lluvias intensas e ininterrumpidas durante dos días, temprano en la noche hubo un fuerte temblor de tierra y desde lo alto de esa montaña descendió una gran correntada que, como un episodio bíblico, cubrió la ciudad de agua, lodo y piedras. Desde entonces esa montaña es llamada “Volcán de Agua”. La catástrofe, en su tarea de muerte y destrucción de la villa, también se llevó la viuda de otro conquistador del reino de Méjico y Guatemala como lo fue Don Pedro de Alvarado: “La sin ventura Beatriz de la Cueva”, se había encerrado en su casa, la cual hecho pintar toda de negro y que fuesen tapiadas todas las ventanas, para convertir aquel hogar en un lóbrego sepulcro en vida y llorar la muerte de su esposo en un luto y aislamiento mas aterrador que la muerte misma.

El cataclismo impuso la necesidad de traslada la ciudad, que fue edificada en el vallecillo cercano, donde llegó a la preeminencia conocía hasta que fue castigada por una serie de terremotos, obligando por segunda vez los actos de la naturaleza que la capital fuera abandonada. Sin embargo, esa vez la ciudad colonial no desapareció, como la anterior y es la que hoy lleva el nombre de Antigua Guatemala, tesoro universalmente reconocido entre los mas admirados patrimonios de la humanidad.

Publicado en el periódico HOY, 31-7-98

DEMOCRACIA EN AMERICA LATINA

La nación norteamericana no ha tenido una trayectoria que pudiera considerarse lúcida en el campo de las relaciones con los países de latino-americanos. Su comportamiento histórico en este sentido lo ha regido, mayormente, la fuerza y la imposición cuando no ha estado presente la arrogancia. Por tanto, no ha logrado sus adhesiones apoyadas en la confianza y el entendimiento genuino.

Su más destacado intento por cambiar esa práctica, luego de Roosevelt, en los años treinta, saltó en pedazos en Dallas, junto al cerebro del hombre que concibió una nueva forma de conducir las relaciones de su gran nación con América Latina y fue no de pocos presidentes estadounidenses que tuvo visión de estadista en su política exterior.

El recelo y el resquemor han sido, históricamente, el marco de las relaciones entre los Estados Unidos y sus vecinos que se encuentran desperdigados en el patio trasero de ese gran imperio. El breve y trunco ideal de Kennedy y su Alianza para el Progreso, que despertó esperanzas para establecer unas relaciones sobre una base de dignidad y respeto mutuo que generara una verdadera cooperación que se tradujera en auténticos logros de justicia social y desarrollo en libertad para estos pueblos, sucumbió junto a su promotor.

Después de tres décadas de ejercicios democráticos en la mayoría de los pueblos de Latinoamérica, algo por lo cual los gobiernos norteamericanos han hecho grandes esfuerzos y dedicado una firme atención, los expertos políticos de allí encuentran “fragilidad” en estos regímenes y se “preocupan que la ola de democracia en América Latina esté llegando a su cúspide”. Tal como lo destaca este importante medio de información que es el periódico HOY, en su edición del recién pasado día l7, en una reseña cuyo encabezado hemos tomado para titular este artículo.

Washington manifiesta, a través de sus expertos políticos, inquietud por el derrotero que pueda tomar la democracia en estos pueblos, y su preocupación resulta válida, a partir de lo que la gran democracia del Norte ha entendido, estimulado y protegido como democracia para esta región. A la política exterior norteamericana, hasta ahora, le ha bastado con la práctica de libertades públicas, junto a la exclusión de la tortura y el asesinato político que han desaparecido en el quehacer gubernamental de estos pueblos, sobre todo, después de la terminación de la Guerra Fría.

El mantenimiento de esos logros, junto a la celebración regular de procesos electorales parta escoger sus autoridades, es lo que ha preocupado la mayor parte de la visión democrática para los hispanos que ha tenido el ojo de la política exterior de los Estados Unidos. Incluso, por esa óptica tan limitada llegaron a la insensatez de forzar la reinstalación de un ex gobernante haitiano que había sido derrocado tras años antes, como si el reloj de la historia pudiera volverse atrás. Los resultados para la “democracia” que forzaron “restaurar” donde nunca ha sido conocida, no ha podido ser mas desoladora para toda esa sociedad desarticulada a partir de entonces.

El esfuerzo de los gobiernos de los Estados Unidos por apuntalar regímenes de libertades públicas, pues, hasta ahora eso es lo han logrado, ha sido un avance importante y su patrocinio por el gran país del Norte debemos rendirle homenaje permanente. Sin embargo, estos pueblos tendrán mayor confianza y agradecimiento hacia la gran nación, sí, como les han impuesto a sus gobiernos de turno el respeto a las libertades y los ha forzado a erradicar los asesinatos políticos, las persecuciones por igual razón, así como la celebración de elecciones poco mas o menos confiables, con ese mismo vigor se hubiesen preocupado por imponer freno a la práctica continua y desbordada del delito económico que han ejercido de la manera mas clara e inocultable como norma de conducta desde el poder público. En eso, nuestros regímenes democráticos, han superado con creces las mas corrompidas dictaduras de las que tanto han abominado, a pesar de que han mantenido muchos de sus rasgos mas degradantes.

La magnitud de esa depredación que han ejercido la mayoría de los gobiernos “democráticos” en estos países, ha resultado incuantificable y la impunidad ha llegado a la mas descarnada obscenidad. Como si existiese un convenio invisible; pero sobre- entendido, que permite la corrupción sin nombre ni medida a cambio de libertades públicas y torneos electorales.

El temor, la reverencia e igualdad ante la ley, lo que constituye la piedra angular de la democracia, como todos tenemos por bien sabido, no ha existido en la mayoría de estos pueblos; por tanto, no han llegado a ser países de leyes o estados de Derecho. Como tampoco sus mayorías han tenido acceso efectivo a la educación, a la salud ni igualdad de oportunidades.

Todo el bienestar y satisfacciones que proporciona la verdadera democracia, cuyo mejor ejemplo lo constituye el modo de vida norteamericano, entre nosotros se queda en las elites que se reparten, en ostensible y grosero contubernio con los ejercicio políticos, las riquezas nacionales; y, por tal razón, la inmensa mayoría de sus gentes ha devenido en estos tiempos “democráticos” a descender a niveles de vida de pobres a miserables con todo lo que esta condición social y económica implica.

Los Estados Unidos tienen razón en ver ”fragilidad” en estos pueblos y sus ejercicios gubernamentales porque de alguna manera ese gran país sido cómplices del engaño y la ilusión que han conducido los ejercicios democráticos de la forma que con tanto celo ha patrocinado, y que ya, por el tiempo transcurrido en esta práctica deberían presentar cierto vigor y no la “fragilidad” que le causa preocupación a las autoridades norteamericanas., según lo confiesan sus expertos en el parte noticioso que nos ha dado oportunidad para estas disquisiciones.


Publicado en el periódico HOY, 26-2-99